El nacimiento de Jesús y los relatos apócrifos

Nacimiento

«Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace» (Lucas 2:14 LBLA)

El 25 de diciembre los cristianos celebramos navidad, recordando el nacimiento de nuestro Señor Jesús. En las calles y en los hogares notamos la llegada de esta fecha por medio de la decoración, aunque la mayoría de los adornos no tienen relación con el cristianismo, en muchos lugares se ve el cuadro del nacimiento. Vemos a María, José, Jesús, los pastores, tres reyes magos, animales y una estrella sobre esta escena. Si bien esta representación posee elementos de los evangelios canónicos, muchos de los detalles son parte del imaginario popular, alimentado por el arte, textos apócrifos y relatos alternativos a los entregados por los evangelistas Mateo y Lucas.

Los evangelios nunca mencionan el número de los sabios de oriente ni mucho menos los nombres de estos. Es poco probable que llegaran el día mismo del nacimiento y que fueran parte de la supuesta escena en el establo, ya que Mateo nos dice que estos Magos llegaron a la casa donde estaba el niño (cf. Mt 2:11). El que se le llame “magos” deriva de la palabra griega μάγοι, la cual se utilizaba para designar a una tribu medo persa que se dedicaba a labores sacerdotales y al estudio de los astros. Por eso, en el mundo antiguo, se les llamaba magos a los intérpretes de sueños, astrólogos y adivinos que venían de Oriente.

Es el Evangelio árabe de la infancia (Anterior al siglo V) el que nos dice que eran “tres reyes, hijos de los reyes de Persia”1, los que llevaron oro, incienso y mirra. También nos cuenta que al momento de volver a sus tierras, María les regaló un pañal de Jesús, el cual “recibieron de sus manos de muy buen grado, aceptándolo, con fe, como un presente valiosísimo”2. Al llegar a Persia, en el momento de la celebración, los magos arrojaron el pañal a un gran fuego que adoraban, pero el pañal no fue consumido por el fuego sino que quedó intacto.

Icono Bizantino de la Natividad

A su vez, la historia de la posada donde se le niega alojamiento a María y José por estar esta llena, es una ampliación de un corto verso lucano que dice: «Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.» (Lc 2:7 RV60). Asimismo, es de este texto que se crea todo el imaginario del establo, debido a que al mencionar que Jesús fue acostado en un pesebre —que es un recipiente donde comen los animales— se asume que habían animales alrededor del parto e inclusive algunos añaden el mal olor y suciedad en el relato, para así resaltar el carácter humilde del nacimiento.

Para quienes están acostumbrados a imaginar el nacimiento de Jesús en un establo, rodeado de animales, se sorprenderán de la ausencia de esto en los relatos canónicos. Es más, en los Evangelios apócrifos de la natividad e infancia de Jesús, la escena ocurre en una cueva en las cercanías de Belén.

El apócrifo conocido como el Protoevangelio de Santiago (hacia 150 d.C) nos describe que después de bajar a María de la burra, José “encontró allí una cueva y la introdujo en ella. Dejó junto a María a sus hijos, y él salió a buscar una comadrona hebrea por la región de Belén” 3 Orígenes y Justino también replican la tradición de una cueva como lugar del nacimiento.

En Contra Celso (circa 250 d.C), Orígenes nos cuenta que “en Belén se muestra la cueva en que nació y, dentro de la cueva, el pesebre en que fue reclinado envuelto en pañales” 4. A su vez, Justino en su Diálogo con Trifón (circa 155 d.C) nos cuenta que “fue en esta cueva donde María dio a luz a Cristo y lo puso en un pesebre, y fue allí donde los sabios de Arabia lo encontraron”5, añadiendo a los sabios de oriente a este cuadro.

El viaje a Egipto, por Gustave Doré

Los evangelios canónicos tampoco mencionan a María sobre un asno camino a Egipto, pero muchas obras de arte representan de esa manera el viaje, quedando grabado de esa manera en nuestra mente.

Curioso es el relato del Pseudo Mateo, donde se narra que cuando la familia viajó a Egipto “los leones caminaban juntamente con ellos, y con los bueyes, los asnos y las bestias que portaban el equipaje. Aunque permanecían junto a ellos, a ninguno dañaban sino que estaban tan mansos entre las ovejas y los carneros que habían traído y los llevaban consigo desde Judea” 6.

También el protoevangelio de Santiago nos cuenta que mientras José iba en busca de una comadrona para el parto, el tiempo dejó de avanzar, la bóveda del cielo se detuvo, los pájaros se habían quedado quietos, las ovejas se paralizaron, “todas las cosas momentáneamente cesaban de moverse”7. Aunque más insólita es la historia de la comadrona y Salomé, quien al enterarse de que una virgen había dado a luz replicó: “Vive el Señor mi Dios, que si no meto mi dedo y examino su naturaleza, no creeré que una virgen haya dado a luz”8.

En definitiva, mucho de lo que hoy consideramos como parte de la escena del nacimiento, en realidad son reconstrucciones que han querido rellenar huecos en el relato canónico. Gran parte del imaginario colectivo sobre la natividad y que vemos en pinturas, películas e incluso en obras teatrales en las Iglesias, carecen de fundamento bíblico.

Como creyentes debemos distinguir entre la verdad que nos ha sido revelada y los elementos que provienen del imaginario popular. Tenemos que ser capaces de defender nuestra fe, la cual no se basa en relatos populares sino que descanza sobre hechos históricos: el Hijo eterno de Dios intervino en la historia, fue concebido por obra del Espíritu Santo, nació de la virgen María, fue hecho semejante a los hombres y caminó entre nosotros.

«Y se llamará su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.» (Isaías 9:6 LBLA)


J.P. Zamora

Fotografía por Ben White.
  1. – Evangelio árabe de la infancia, VII-1.
  2. – Evangelio árabe de la infancia, VII-4.
  3. – Protoevangelio de Santiago, 18.
  4. – Orígenes contra Celso. 1, 51.
  5. – Diálogo con Trifón 78, 5.
  6. – Evangelio del Pseudo Mateo, 19. Base del relato anterior al 200 d.C, texto actual del siglo IV.
  7. – Protoevangelio de Santiago, 18.
  8. – Protoevangelio de Santiago, 19.
BIBLIOGRAFÍA:
  • Balz y Schneider (1998). Diccionario exegético del Nuevo Testamento. Tomo II. Ediciones Sígueme.
  • Piñero, Antonio (2010). Apócrifos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Alianza Editorial.
  • Orígenes. Contra Celso.(Daniel Ruiz Bueno, Trans.). La Editorial Católica.
  • Justino. Diálogo con Trifón. Recuperado de: http://remacle.org/bloodwolf/eglise/justin/tryphon.htm

2 pensamientos en “El nacimiento de Jesús y los relatos apócrifos

  • 19 de diciembre, 2017 at 2:38 pm
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    ¡Fantástico!

    Simplemente maravilloso la información que nos has traído a través de esta entrada Jean P. Mil gracias por el esfuerzo y la sencillez con que nos provees buena información de nuestras raíces.

    ¡Sigue adelante!

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