La vergüenza del evangelio

Jorge era un muchacho tímido. Un día conoció a Cristo y comenzó a congregarse. Estaba siempre en silencio, sentado en el fondo, sin hacerse notar, hasta que un día, le piden que predique en la calle. Tembloroso toma el micrófono, sus manos sudan, la voz le tirita, finalmente se queda en blanco, nada sale de su boca. De pronto se escucha que alguien grita: “no te avergüences del evangelio”.

«Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego» (Rom 1:16 LBLA)

¿A qué se refería el apóstol al decir que él no se avergüenza del evangelio? Muchas veces creemos que este texto habla sobre la timidez, a sonrojarse al momento de predicar, o a temblar al usar un micrófono, pero acá Pablo habla de la vergüenza que produce el “contenido” del evangelio, el mensaje de esta buena nueva.

La buena noticia es la obra de Dios en Cristo, el Señor, quien ha derrotado las fuerzas del mal, ha roto las barreras que dividían a los hombres, ha vencido al pecado y a la muerte. Él es la promesa cumplida, el camino, la verdad, la vida. Él es la senda anunciada por Dios para salvación, salvación que es por gracia mediante la fe. Jesús es el Mesías, el Cristo, el Rey. Pero ¿qué es entonces lo que avergüenza de esta sublime noticia?

Vergüenza para el judío

Los judíos esperaban que llegara el hijo de David, el Rey que pondría a Israel en el lugar que le correspondía, una ciudad más grande que las demás, donde sus enemigos serían destruidos y los descendientes de Jacob se llenarían de paz y prosperidad, un tiempo donde Dios reinaría.

Pero la predicación de los apóstoles hablaba de Jesús y de este crucificado, lo cual era un conflicto en la mente de los judíos ¿Cómo podía ser que el delincuente muerto en una cruz pudiera ser el Cristo? ¿cómo es posible que ese fuera el Rey que esperaban? Era una blasfemia sugerir que el Mesías prometido fuera alguien que, de un modo tan evidente estaba siendo maldecido por Dios (cf. Dt 21:23).

De seguro la cruz era señal de que él era un falso Mesías. A todas luces cuando a alguien le va mal en la vida, es porque Dios no está con él. Si realmente Dios hubiera enviado a Jesús, no hubiera terminado como terminó, porque maldito por Dios es el colgado.

Sin embargo, Pablo nos muestra que Dios estaba obrando por medio de esa maldición. En la cruz Jesús estaba alcanzando nuestra bendición (cf. Gál 3:13-14). Y la manifestación de la vindicación divina fue la resurrección. Lo que los judíos no lograban entender ni creer, los apóstoles lo habían aceptado a la luz de la resurrección. Pablo, un celoso fariseo, había caído rendido ante el plan divino al ver al Cristo resucitado. El punto central de toda esta buena noticia es que Jesús, a diferencia de cualquier otro hombre, había resucitado.

«A este resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos» (Hechos 2:32)

Vergüenza para el griego

Si la proclamación de Cristo crucificado fue un escándalo para los judíos, fue un disparate para los gentiles, una mera tontería.

Predicación
Pablo predicando en Atenas. Por Raphael

En el mundo Griego, la palabra evangelio, era un término específico usado para hablar de “noticias de victoria”, un anuncio del nacimiento o ascensión de un emperador que traería éxito y victoria a todo el Imperio. Pero, ¿cómo era posible que el rey del universo que predicaban los cristianos haya sido derrotado por el mismo Imperio Romano? Eso, más que mostrar a Jesús como el varón escogido, muestra que el emperador romano es más poderoso que ese débil hombre en la cruz.

Quizás podríamos hablar de la resurrección e indicar que Jesús hizo algo que ningún gran héroe o emperador podría hacer: “Resucitar”. Pero el levantarse de entre los muertos, no era algo valioso para los griegos. El sólo mencionar el tema era motivo de burla (cf. Hch 17:32).

A su vez, el mensaje del evangelio entraba en conflicto con las pretensiones de los emperadores. La obediencia, ahora, no era al emperador que se auto proclamaba a sí mismo como dios, sino a Jesús, el crucificado, el derrotado, el que ante los ojos humanos había sido vencido. El evangelio llamaba a responder con una vida de sumisión a Jesús y no a los valores del Imperio. El que es Rey sobre todos, el verdadero Hijo de Dios, es quien define nuestras vidas y pone los estándares que se deben seguir. Esta proclamación a oídos gentiles, era algo insensato.

¿Cuántas veces has sido ridiculizado por el evangelio? Hoy en un mundo que evalúa todo en torno al éxito material y que es escéptico de lo sobrenatural, el mensaje del evangelio sigue siendo locura y verguenza, pero…

El poder de Dios para salvar

«Porque ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios, mediante la necedad de la predicación, salvar a los que creen» (1 Cor 1:21)

La predicación del evangelio es el medio divinamente establecido para llevar la salvación al mundo. Es la manera que Dios escogió para atraer a los hombres a Cristo. No son las técnicas de crecimiento, no son los testimonios personales, no es la inteligencia humana, ni la gran elocuencia, no se trata de la bella música, ni de los grandes argumentos. Todo esto, aunque poseen su lugar, no tienen la bendición divina que tiene la proclamación del evangelio.

El evangelio es poder de Dios y cuando entendemos la sabiduría oculta en esta buena nueva, no nos avergonzaremos de proclamarla. Aunque parezca una locura a los ojos humanos, Dios estaba reconciliando consigo todas las cosas por medio de la vergüenza y la aparente derrota. Ciertamente algunos tropezarán con esta noticia, pero muchos otros confiarán en Cristo para nunca ser avergonzados (cf. Rom 9:33) .

En definitiva, puede que como Jorge seas tímido y te tiemblen las piernas al pararte frente un grupo de personas para compartir el evangelio, si esto acontece, recuerda que no es pecado ponerse nervioso, sin embargo aprovecha esa debilidad para confiar en el poder de Dios, no se trata de nuestras capacidades ni habilidades, sino de la obra divina.

Somos mensajeros con un mensaje poderoso, somos heraldos de un Rey más importante que cualquier otro, nuestros pies no pueden estar tranquilos, debemos correr a anunciar la buena noticia y confiar en que el evangelio es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree.


Adaptación del sermón predicado el 14 de octubre, 2018.
Imagen: Fotografía de Jacobo Matos, archivo personal de Luis David Alvarez Matos.

J.P. Zamora

7 pensamientos en “La vergüenza del evangelio

  • 6 de noviembre, 2018 at 7:13 pm
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    Excelente, hermano Zamora

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  • 7 de noviembre, 2018 at 1:17 am
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    Grax hno. Zamora. Tu reflexión me hizo volver a la perspectiva de que sólo en el evangelio está el poder de Dios, no sólo para salvar al que cree, sino para transformar al que le sigue.

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    • 7 de noviembre, 2018 at 6:06 am
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      Gracias por tu comentario. Valió la.pena escribir estonentonces.

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  • 7 de noviembre, 2018 at 10:15 am
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    Siempre tus escritos son de enorme bendición Jean Paul. Tú mismo eres una bendición! Sigue asi!

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  • 8 de noviembre, 2018 at 9:19 am
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    Buena reflexión Hno J. P. Zamora. Aunque había leído lo del escándalo de la cruz para los judíos y la insensatez de la cruz para los griegos, no había relacionado Romanos 1.16 con 1 Corintios 1.23.
    Ahora, usted dice “No son las técnicas de crecimiento, no son los testimonios personales, no es la inteligencia humana, ni la gran elocuencia, no se trata de la bella música, ni de los grandes argumentos. Todo esto, aunque poseen su lugar, no tienen la bendición divina que tiene la proclamación del evangelio”. Podría ser más explícito en esta diferencia, ya que creo que, por ejemplo, un testimonio personal por supuesto que puede llevar una bendición divina para alguien que escucha tal testimonio, y también creo que en ciertas técnicas para el crecimiento está implícita la predicación del evangelio?.

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    • 8 de noviembre, 2018 at 10:55 am
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      Gracias por comentar.

      Por ejemplo un testimonio puede ser una buena manera de introducir el evangelio, pero sin la predicación de la obra de Cristo ¿Como invocarán a Jesús para salvación si no han oído de él?

      Como dice la Escritura, a Dios se le plació salvar por medio de la locura de la predicación.

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