De Él, por Él y para Él

La Biblia

Un hombre paseaba por la playa cuando se encontró con un niño que había hecho un hoyo en la arena, el pequeño trataba de llenarlo con agua de mar. El hombre al verlo le preguntó ¿qué es lo que intentas hacer?, a lo que el niño respondió que “Intentaba poner toda el agua del océano en el agujero. “Eso es imposible”, dijo el hombre, “¿Cómo piensas meter toda el agua del océano que es tan inmenso en un agujero tan pequeñito?” El niño respondió “¿Cómo tú pretendes comprender con tu mente finita todos los misterios de Dios?” 1

«¡Oh, profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos! Pues, ¿quién ha conocido la mente del Señor?, ¿o quién llegó a ser su consejero?, ¿o quién le ha dado a Él primero para que se le tenga que recompensar? Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén.». (Romanos 11:33-36)

La sabiduría de nuestro Dios.

Uno de los pensadores con mayor conocimiento y sabiduría de la Iglesia primitiva fue Pablo, el cual envía su epístola más extensa a la congregación en Roma. Imagine por un momento al Apóstol, probablemente desde Corinto, dictando los primeros once capítulos de esta carta, llenos de revelación y rica teología a Tercio (Rom 16: 22), ¿cuál cree que fue su actitud? Pablo, luego de expresar todas estas verdades comienza, a alabar la gran profundidad de la sabiduría y conocimiento de Dios.

La mente de nuestro Dios es tan grande que muchas veces no entendemos lo que Él está haciendo. Nos preguntamos ¿por qué sucede esto?, ¿por qué permite esto otro? Pero así como el apóstol, frente a tal inmensidad, debemos reconocer que nuestra mente es limitada y que el más sabio de entre los hombres no es nada a su lado. ¿Quién de nosotros le ha dado algún consejo a Dios? ¿A quién le debe algo?

A Él sea la gloria.

Todo lo que tenemos procede de Él, si hoy estamos en sus caminos, si hoy podemos conocerle, es gracias a Él. Cualquier migaja de conocimiento es porque a él se le ha placido. De él, y por él, y para él, son todas las cosas.

  • Nuestra vida es de él, Dios nos formó y nos dio vida, cambió nuestro corazón y puso su Espíritu en nosotros.
  • Nuestra vida es por él, Dios se ha dado a conocer y se ha revelado a nuestras vidas. Él nos sostiene, nos da aliento y nos moldea.
  • Nuestra vida es para él, y todo lo que Dios ha hecho, hace y hará en nuestra vida es para su propia gloria. Las luces deben apuntar a Cristo y no a nosotros, nuestro Señor es el único digno.

Así como la respuesta de Pablo frente al conocimiento fue doxología, asimismo nuestra respuesta frente a la ortodoxia debe ser alabanza. Debemos vivir en humildad, reconociendo que es Dios quien ha obrado en nuestras vidas. Él nos llamó y Él trabaja en nosotros. Ante todo miedo o duda que tengamos, debemos recordar que nosotros somos pequeños y limitados pero que nuestro Dios es grande y sin limites. Debemos disponer nuestro corazón para adorarle en cada instancia. Somos servidores de Dios, Él es el centro, A él sea la gloria por los siglos. Amén.


Foto: Raul Petri

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