El llamado eficaz del Espíritu: Gracia Irresistible

El llamado eficaz del Espíritu

Querido lector ¿Por qué le fue concedido oír el evangelio mientras en otros lugares nunca han oído de Cristo? Si el evangelio es predicado a 100 personas, en el mismo lugar, por el mismo predicador y 90 personas lo rechazan ¿Cuál es la razón que llevó a los otros 10 a aceptarlo? ¿Qué marcó la diferencia para que usted lo recibiera?

Para empezar, no conozco a ningún cristiano que abiertamente diga que la salvación ocurrió porque él era más inteligente que otros o porque era más bueno que el vecino. Nadie sostiene que él merecía la salvación o que Dios le debía el cielo. Todos reconocemos que la obra de salvación es un acto divino por gracia. Dentro de nuestra propia experiencia cristiana sabemos que la gracia de Dios ha sido un factor determinante en nuestra conversión. Todos atribuimos nuestra salvación a Dios.

Es a este llamado que nos referimos cuando hablamos de “llamado eficaz del Espíritu” — conocido también como “gracia irresistible”— Un llamado que realiza el Padre por medio de la proclamación del evangelio y el Espíritu Santo, con el propósito de congregar en Cristo a los que Él ha escogido1. Es una llamado interno, donde el Espíritu ilumina la mente entenebrecida del hombre para que pueda ver el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo (2 Cor 4:4) y, siendo persuadidos, corran voluntaria y espontáneamente a los pies de Cristo para salvación.

Llamado general o externo

Cuando leemos la Biblia es fácil apreciar la existencia un llamado general de parte Dios a todos los hombres, una genuina invitación a la salvación. Las palabras de Jesús siguen vigente: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar (Mt 11:28). Esta invitación es real y busca una respuesta del que oyente.

La proclamación del evangelio no es algo exclusivo para algunos, sino que en cada rincón de la creación debe ser anunciada la buena noticia de la obra de Dios en Cristo, quien ha derrotado las fuerzas del mal, ha roto las barreras que dividían a los hombres, ha vencido al pecado y a la muerte, quien es la promesa cumplida de Dios. Todos deben oír que Jesús es el camino, la verdad, el crucificado, muerto y resucitado. La proclamación de que Cristo es la senda anunciada por Dios para salvación. Salvación que es por gracia mediante la fe en Jesús el Mesías, el Señor de todo el cosmos, el Rey eterno.

Como se menciona en la parábola del sembrador, algunos no aceptan la palabra, otros la aceptan pero no de corazón y luego de un entusiasmo pasajero vuelven atrás. Mientras otros ahogan la palabra con los deleites de este siglo y no dan fruto alguno (cf. Mt 13). Ante esta predicación no todos responden positivamente, pero los que si lo hacen ¿por qué responden así?

El llamado eficaz del Espíritu

«Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios» (1 Cor 1:23-24)

En este verso podemos apreciar que la predicación del evangelio es a todos, tanto a judíos como gentiles, un “llamado general” y todo el que crea en Cristo crucificado tendrá salvación. Sin embargo, esta predicación produce un efecto en su audiencia: Para los judíos es tropiezo y para los no judíos es una locura.

Por otra aparte, el apóstol nos habla de otro “llamado” (mas para los llamados), distinto a la llamado general. Entre los que oyen esta predicación, tanto de judíos como griegos, hay unos que son llamados de manera especial, para los cuales este anuncio no es una locura sino que ven en Cristo poder y sabiduría de Dios. Algo aconteció en el corazón de estos que hizo que vieran la belleza de Cristo por medio del evangelio, a esto nos referimos cuando hablamos del “llamado eficaz del Espíritu”.

En un momento específico de la historia, Dios se presenta a aquellos que han sido escogidos desde antes de la fundación del mundo para llamarlos irresistiblemente hacia Él (cf. Rom 8:30). Por eso esta doctrina también se le conoce como “gracia irresistible”.

La doctrina de la Corrupción radical de la humanidad, también llamada depravación total, enseña que el pecado ha afectado de manera tan grave y profunda a la humanidad que el hombre está caído por completo. El ser humano es incapaz de realizar algún bien que coopere para la salvación, ciegos a la verdad divina, muertos en delitos y pecados. Como cita el apóstol Pablo para acusar a toda la humanidad: No hay justo, ni aun uno (cf. Rm 3:10-11)

Dios es el que marca la diferencia

«Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere» (Juan 6:44a)

La única solución al corazón entenebrecido del hombre que ama al pecado es que Dios mismo lo atraiga. Jesús no responde diciendo que los que no creían lo hacían sólo por su corazón duro o por que estaban presos de las tinieblas, sino que vuelve a replicar diciendo, que en última instancia, NINGUNO puede venir a mí, sin la intervención de la gracia divina.

¡Si hemos sido salvados es porque Dios actuó con su gracia, es porque Dios nos llamó eficazmente, es porque el Espíritu Santo obró en nosotros de manera irresistible!

Objeciones a esta doctrina

A.- Irresistible

¡Si hemos sido salvados es porque Dios actuó con su gracia, es porque Dios nos llamó eficazmente, es porque el Espíritu Santo obró en nosotros de manera irresistible! Share on X

«¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo» (Hch 7:51)

La Biblia dice que resistimos al Espíritu ¿Cómo puede ser «irresistible»? Es verdad, resistimos al Espíritu. TODOS lo hemos resistido. Pero a su vez sostenemos que Dios es soberano y si bien permite tal resistencia, él puede vencerla cuando quiera.

¿Recuerdas cuantas veces te predicaron el evangelio? ¿recuerdas las veces que resististe? No fue sino hasta que el Espíritu Santo vino y abrió tu corazón que pudiste apreciar la belleza del evangelio, que pudiste mirar la gloria de Dios en el rostro de Jesús. Fue Dios quien venció nuestra resistencia.

B.- Contra nuestra voluntad

Otra objeción común es que si Dios obra irresistiblemente y eficazmente entonces atenta contra la libertad del hombre y opera contra nuestra voluntad.

La doctrina del llamamiento especial no implica que Dios nos obliga a arrepentirnos o creer en Jesús en contra de nuestra voluntad, sino que la obra del Espíritu nos liberta, abre nuestros ojos y vemos la sublime belleza de Cristo y corremos hacia él, con toda libertad vamos al Rey eterno. (cf. 2 Cor 4:3-4,6).

C.- ¿Qué pasa con el evangelismo?

Una de las grandes acusaciones respecto a estas enseñanzas es que quitan o apagan el deseo de evangelizar, si al final Dios es el que elige y esta decisión acontece en la eternidad ¿para que evangelizar?

La doctrina del llamamiento eficaz debiese ser un aliento a la proclamación del evangelio, porque no son palabras al viento. A Dios se le ha placido llamar a los suyos por medio de la locura de la predicación.

Es verdad, el evangelio será rechazado por muchos, así esta diseñado. Dios soberanamente a puesto a Cristo como la piedra angular, piedra donde muchos han de tropezar. Nuestro anuncio será para unos ascuas sobre sus cabezas, revelará la dureza del corazón y el amor al pecado; pero para otros será poder y sabiduría de Dios (cf. Rm 9:33).

Nuestra respuesta ante esta gracia

Los creyentes no podemos comprender de una manera perfecta en esta vida el modo cómo se realiza este llamado; solo podemos gozarnos con saber y sentir que por medio de esta gracia de Dios creemos con el corazón y amamos a nuestro Salvador2. Pero si hay algo que sabemos y en que nos podemos gozar: Eramos ciegos y ahora vemos. Sólo por su amor, sólo por su gracia, incondicionalmente y por medio de su obra soberana estamos en paz con Dios.

Esto nos debe llevar a la humildad. No somos mejores que el pecador más pecador, sin su gracia no seríamos distinto al delincuente más cruel. Incluso la posibilidad de que el evangelio llegara a nuestros oídos ha sido obra de su providencia. Si algo tenemos es porque Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto.

Podemos confiar en el Señor, podemos confiar en el poder de su palabra. El que de la nada ha creado todo, puede transformar nuestros corazones. Nuestra predicación no es en vano, la semilla germina por el poder de Dios y el brazo de Dios no se ha acortado. La conversión no depende de nuestro conocimiento, no depende de nuestra buena argumentación, no depende de nuestra oratoria, sino que Dios se le ha placido operar por medio de la predicación de Cristo crucificado.

Es por todo esto que cuando pedimos a Dios por un amigo o un familiar, estamos pidiendo al indicado, Él puede romper la resistencia, el puede mover las circunstancias y hacer que el corazón más rebelde caiga de rodillas ante Jesús. En nosotros rompió la resistencia y puede hacerlo en otros, su gracia irresistible cambió nuestro corazón y puede hacerlo en otros, abrió nuestros ojos y puede hacerlo en otros.

Sublime gracia del Señor,
que a un pecador salvó,
fui ciego mas hoy veo yo,
perdido y el me halló.


Este artículo es adaptación de un sermón predicado el 2018 en la Iglesia Cristo tu Única Esperanza Viña del Mar. Puede revisar el video o descargar el audio del sermón a continuación:


J.P. Zamora

  1. – cf. Cánones de Dort, capítulo segundo, IX.
  2. – cf. Cánones de Dort, capítulos tercero y cuarto, XIII.

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